19 de mayo de 2009

"Hay una radicalización de la opinión en el país y a eso hay que ponerle cuidado": Javier Darío Restrepo



Duele en el alma la manera en que sacaron del periódico El Colombiano al maestro Javier Darío Restrepo, quien desde hace 17 años tenía en ese diario una columna semanal de opinión.
Pero también da mucha alegría y esperanza la manera tan caballerosa y elegante con que explicó el asunto a los lectores y dio las gracias a ese medio en su "Última columna".
El hecho motivó el rechazo de un grupo importante de organizaciones y personas del mundo del periodismo, pero también de simples lectores, que han visto en él (hemos visto en él) a un modelo de periodista y de ser humano.
Por ello, como me dijo el propio Javier Darío, "solo fuera por recibir las muestras de afecto que provocó este hecho, valdría la pena repetirlo".
Así explicó para la W Radio lo ocurrido:


Sobre la salida de Javier Darío Restrepo de El Colombiano, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) emitió el siguiente comunicado:

El 14 de mayo, en su columna semanal, el periodista Javier Darío Restrepo anunció su salida del diario El Colombiano, de Medellín. Después de 17 años de escribir para ese medio de comunicación, la dirección le notificó la decisión argumentando que se trataba de una reorganización en las páginas de opinión. Para el periodista, esto se debe a que su “visión de los hechos políticos” no coincide con la del periódico.

La FLIP consultó a Restrepo, quien manifestó que desde hacía un tiempo venía haciendo críticas a la gestión del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez y expresando su preocupación por la concentración de poder que implicaría una segunda reelección. Esta posición fue recogida en su penúltima columna, ‘Libertad de discrepar’: “Hizo falta proclamar que discrepar de un gobierno no convierte a una persona en terrorista, ni en cómplice de las FARC, ni en enemigo del presidente o de sus fervientes seguidores”, afirmó haciendo alusión a las celebraciones del Día Mundial de la Libertad de Prensa.

En conversación con Radio Nacional de Colombia, Felipe Jaramillo, jefe de la página de Opinión de El Colombiano, afirmó que la salida de Javier Darío Restrepo se debió a un proceso normal de renovación de los columnistas de opinión que se viene dando desde hace tres años: ''Hace dos años cambiamos 27 columnistas; el año pasado, 21, y éste, doce''. Añadió que el periódico preserva todas las tendencias políticas, aun aquellas que están en desacuerdo con el gobierno.

Javier Darío Restrepo es autor de libros de periodismo y ética periodística; maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano; miembro de Medios para la Paz, y fundador e integrante del consejo directivo de la FLIP.

* * *
La Fundación para la Libertad de Prensa reconoce y defiende la autonomía que tienen los medios de comunicación de seleccionar o despedir periodistas, columnistas o colaboradores, en los términos que lo contempla la ley. Este derecho está igualmente protegido por la libertad de expresión y el derecho a la información.

No obstante, manifiesta su preocupación por el hecho de que estas decisiones puedan tener como propósito silenciar perspectivas críticas, diferentes o en contravía de la opinión mayoritaria. En la coyuntura actual de polarización y radicalismos, la democracia colombiana requiere más –y no menos– voces reflexivas como la del maestro Javier Darío Restrepo.

8 de mayo de 2009

Convencer para vencer - Propaganda en el conflicto armado colombiano



Conferencia del autor del blog en la Cátedra Afacom, realizada en la Universidad EAFIT el 25 de febrero de 2009.
Producción de televisión: Centro Multimedial Universidad EAFIT, canal En Vivo.

25 de abril de 2009

Colombia no discute sus problemas principales, dice director de Semana

Alejandro Santos, director de la influyente revista colombiana, asegura que los temas de fondo del país como la reforma política, la propiedad de la tierra, la reparación a las víctimas de la violencia o la crisis económica no están siendo discutidos en profundidad, ni tienen prioridad en la agenda gubernamental ni de los medios de comunicación.

Así lo dijo en entrevista concedida al programa Mesa de Redacción, de la emisora Acústica y la revista Bitácora, de la Universidad EAFIT.

Mesa de Redaccion Alejandro Santos.mp3



Afirma que la prensa colombiana no investiga más por las dificultades económicas que la rodean y que para adelantar investigaciones periodísticas de calidad se necesitan recursos, tiempo y personal calificado. Y de todo eso, dice, cada vez hay menos en el país.

Foto de Jessica Suárez

14 de abril de 2009

Conversatorio "El escándalo político. Periodismo, medios y política en Colombia"


Con:
Alejandro Santos, director de la revista Semana
Juan Gabriel Uribe, director del periódico El Nuevo Siglo

Día: Martes 21 de abril de 2009
Lugar: Universidad EAFIT, Auditorio 103, bloque 38.
Hora: 10 a.m. a 12 m.

Invita:
Especialización en Comunicación Política

Entrada libre
Para más información contactar al profesor Jorge Iván Bonilla Vélez, del Departamento de Humanidades de la Universidad EAFIT
jbonilla@eafit.edu.co
Tel: (57) (4) 2619500, Ext. 9551
Fax: (57) (4) 2664284

16 de febrero de 2009

Tu misión, periodista, si decides aceptarla, es romper el cerco informativo


Una defensa a Hollman Morris y a todos aquellos reporteros que van al lugar de la noticia, la ven con sus propios ojos y, como pregonaba el maestro Kapuscinsky, la cuentan con sus cinco sentidos.


Todos aquellos que están embriagados por la guerra detestan que un periodista esté rondando por ahí: se enojan porque llegan en el momento menos esperado a sitios donde ellos consideran que jamás deberían estar; les fastidia que pregunten por aquello que no les interesa responder o que hurguen dentro de lo que quieren ocultar. O mejor, tapar.

Ocho días antes de la liberación de los tres policías y el soldado secuestrados por las Farc, y de las graves acusaciones del presidente Álvaro Uribe contra los periodistas Hollman Morris y Jorge Enrique Botero, un grupo de 27 periodistas de Cúcuta, Tibú, La Gabarra y Ocaña (en el departamento de Norte de Santander) analizaron el papel que les corresponde en el cubrimiento del conflicto armado y del llamado “posconflicto”.

Lo hicieron durante un fin de semana por invitación de Medios para la Paz y la Unesco.
Ellos, como Morris y Botero, sabían de lo que estaban hablando. Desde hace 10 años han visto y relatado el escalamiento de la guerra en esa región del nororiente de Colombia, limítrofe con Venezuela, y han sido víctimas de las estrategias de todos los bandos enfrentados por imponer en ellos su visión de la confrontación.

Estrategias que sin la menor ética, porque en la guerra no se puede esperar una ética de la comunicación, apelan a la manipulación, el engaño, la mentira, el ocultamiento… Y si nada de eso funciona, a la presión violenta y a la amenaza.

En el taller realizado en Cúcuta el pasado 24 de enero quedó claro algo: impedir la presencia de los periodistas en los teatros de operaciones (para el caso reciente de Morris y Botero, en los teatros “de liberaciones”) es una decisión permanente de quienes están en armas.

Lo es porque cuando un reportero está en esos lugares ve una realidad muy distinta a la que muestran los comunicados y las ruedas de prensa.

Por eso la importancia para los periodistas de estar en los lugares de la noticia y ser testigos de ella. Y la importancia para los guerreros de negarles a toda costa su acceso, no permitirles que sean testigos de ella.

Hay que mantenerlos alejados...
Como se analizó en el seminario-taller de Cúcuta cuando se estudió el problema de la propaganda, esa postura está clara desde hace mucho tiempo: “Tres diarios adversos son más temibles que mil bayonetas”, había advertido Napoleón dos siglos atrás.

Y lo supieron los generales ingleses en 1854, cuando William Howard Russell (considerado el primer corresponsal de guerra de la prensa moderna) fue enviado por el Times, de Londres, a cubrir la guerra en la península de Crimea entre Inglaterra y Rusia.

Russell fue y vio con sus propios ojos el desastre que era esa confrontación para las tropas de su país y con sus cinco sentidos lo relató para sus lectores. Una visión bien distinta de los reportes oficiales que se presentaban por entonces, donde tales batallas se mostraban como gestas heroicas y victoriosas.

En los grandes conflictos de la primera mitad del siglo XX, como la Guerra Civil Española y las dos guerras mundiales, los periodistas pudieron moverse con algo de facilidad por los campos de batalla. Aunque también estuvieron sometidos, como hoy, a la propaganda y a la desinformación de todos los ejércitos.

Esa relativa libertad se cortó después de la guerra de Vietnam (1958-1975), cuando las medidas de control a la prensa se extremaron por parte de los militares.

Allí los periodistas tuvieron ingreso y movilidad absoluta por las zonas de combate; incluso el ejército de Estados Unidos los transportó en sus carros y helicópteros a los teatros de operaciones.

Por eso pudieron mostrar la barbarie de esa lucha, asunto que sensibilizó a la opinión pública norteamericana y la llevó a presionar a su gobierno a una solución política de la confrontación.
Por ello, en adelante la consigna fue cerrarle el paso a la prensa.

En la guerra de las Malvinas, entre abril y junio de 1982, el gobierno de Inglaterra sólo permitió el acceso a esas lejanas islas del Atlántico Sur a 17 periodistas, todos británicos. ¡Sólo 17!, quienes debieron firmar un documento en el que aceptaban la censura, pues el envío de las noticias era a través de los canales militares.

En la invasión de Estados Unidos a la isla de Granada, en octubre de 1983, los periodistas que trataron de llegar por sus propios medios fueron atacados o arrestados, incluso los norteamericanos. Dos días después de iniciados los combates, cuando las tropas de E.U. tenían todo bajo control, se permitió el ingreso a un grupo escogido de periodistas.

En la primera Guerra del Golfo, en 1991, los controles a la prensa y la “administración del flujo informativo” (como se le llamó entonces) fueron permanentes por la Coalición de ejércitos que enfrentaron a Irak.

Para variar, sólo se permitió el acceso a grupos seleccionado de periodistas, quienes además debían permanecer con escolta militar y seguir las instrucciones de los mandos uniformados. Mejor dicho, fue una prensa “amarrada”.

En la invasión a Irak que comenzó en 2003 y que aún no termina, hubo inicialmente fuertes restricciones a la prensa para ingresar a los teatros de operaciones.

Los periodistas que quisieron entrar con las unidades militares de Estados Unidos fueron llamados “incorporados”, “incrustados o “encamados” y tuvieron que firmar el “Acuerdo de adhesión al reglamento establecido por el mando terrestre de las Fuerzas de Coalición”. Ese fue un documento de 49 puntos en los que se comprometían a no informar determinados asuntos y a moverse según lo ordenara el ejército.

Desde ese momento la censura ha sido tan fuerte en esa guerra que hasta para publicar un blog en Internet los soldados tienen que pedir permiso a sus superiores, so pena de una sanción.

En Colombia también, por supuesto
Pero no vamos tan lejos, que esas guerras son ajenas y bien distintas. Aquí eso se ha aplicado aunque con sus matices. Recordemos tres ejemplos recientes:

En mayo de 2002 no se permitió que decenas de periodistas colombianos y extranjeros ingresaran a Bojayá (Chocó) a ver la masacre de un centenar de personas, bajo el argumento de que los grupos ilegales tenían retenes en el río Atrato.

Sin embargo, dos hábiles y experimentados reporteros (Paco Gómez Nadal y Jesús Abad Colorado - fotos adjuntas) rompieron el cerco, entraron a la zona y relataron al mundo lo que había ocurrido. El resto sólo pudieron hacerlo varios días después.

En septiembre siguiente, cuando el Gobierno Nacional (primer mandato de Álvaro Uribe) creó las Zonas de Rehabilitación y Consolidación para combatir a los grupos ilegales en los departamentos de Bolívar, Sucre y Arauca, fijó normas que limitaron el acceso a la prensa a esos lugares, en especial a la extranjera.

Y el Plan Patriota, calificado por muchos como la más grande ofensiva contra las Farc, que cubrió varios departamentos, se hizo en ausencia total de la prensa, en el más absoluto silencio, como explica la periodista Jineth Bedoya en la primera página de su libro “En las trincheras del Plan Patriota”:

“Fuimos muy pocos los que pudimos conocer las entrañas de esta acción militar porque con el nacimiento del Patriota murió la reportería de guerra en el mismo sitio de los hechos. El veto del Comando de las Fuerzas Militares, bajo la dirección del general Carlos Alberto Ospina, le impidió a los colombianos y al mundo conocer lo que pasaba a cientos de kilómetros”.


Hay que estigmatizarlos…
Ahora bien, si nada de eso funciona, si los tercos reporteros rompen los cercos informativos del bando que sea (estatal o de grupos ilegales), las mentalidades guerreristas acuden a los señalamiento y a las estigmatizaciones.

En plena guerra de Vietnam, un asesor del entonces presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, dijo que el periodista Peter Arnett (foto del lado), corresponsal de la agencia de noticias AP en Saigón, era “más dañino para E.U. que toda una división de Vietcong” [la guerrilla comunista].

Mejor dicho, lo calificó de antipatriota por cumplir su misión como periodista de informar sobre lo que pasaba, así fueran malas noticias para su gobierno.

A Hollman Morris, el presidente Álvaro Uribe le lanzó un peligroso manto de duda y le hizo señalamientos directos haciéndolo parecer vocero de terroristas, por estar en la liberación de los tres policías y el soldado. Por eso pidió que lo investigara la Fiscalía.

Mejor dicho, sin decirlo de frente lo calificó de antipatriota por simplemente cumplir su misión como periodista: estar en el lugar de la noticia.

Invisibilizar el conflicto
Los cercos informativos los levantan todos para volver invisibles, para desaparecer los hechos y los personajes que en ellos intervienen.

Lo grave para el caso colombiano no es sólo que eso lo hagan la guerrilla, los paramilitares o las nuevas bandas armadas porque al fin y al cabo esos grupos están al margen de la ley y no podría esperarse nada distinto de ellos.

Lo más grave es que lo haga el gobierno, que debe ser el principal garante de los derechos y defensor de la Constitución.

Que provenga de quienes pregonan con vehemencia que “el Estado colombiano es un Estado democrático legítimo”, como lo ha dicho un asesor presidencial, José Obdulio Gaviria.
Por eso los cercos informativos los seguirán tendiendo y los buenos periodistas los seguirán rompiendo. Es más, ¡todos los reporteros están en la obligación de seguirlos rompiendo!

Cuando lo hagan no estarán cometiendo ningún delito porque su trabajo es estar donde está la noticia, ya que es la única manera de que sus audiencias puedan ver la otra cara de los hechos, la otra versión de la realidad.

Por hacer eso no serán jamás terroristas ni voceros de delincuentes. Serán, como Hollman Morris, simplemente buenos periodistas.

18 de diciembre de 2008

Juegos con nuestra política 1: Sólo Juanes podrá impedir que Chávez se apodere de Suramérica


Una iconografía bastante fuerte y agresiva utiliza un videojuego en línea que puso en Internet este año la empresa peruana Inkagames, en el cual son protagonistas el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el cantante colombiano Juanes.

A Chávez se le muestra como un gorila que quiere invadir Suramérica gracias a los petrodólares que produce el subsuelo de su país y que vende a su principal enemigo, George Bush, a quien en la vida real llama “Mr. Danger”.

Juanes, con una guitarra que parece que se tocara disparando, intenta detenerlo lanzándole amables notas musicales.


En el juego usted, por supuesto, es el bueno o sea Juanes. Y debe hacerlo bien porque si no el temible “Hugorila”, como llaman al mandatario venezolano, desplegará tanques de guerra por toda Suramérica.

Entre al juego aquí, siga las instrucciones y analícelo con cuidado aunque la función que tiene es muy clara: ser un instrumento de deslegitimación de un enemigo.

Juegos con nuestra política 2: Diviértase lanzándole hachas a Álvaro Uribe

Los antiuribistas tienen en este juego una simpática diversión: el presidente de Colombia está amarrado a una tabla que se mueve por toda la pantalla y hay que lanzarle hachas, tal como hacen los lanza-cuchillos de los circos.

Sin embargo, aquí no se sabe qué es más emocionante, si no pegarle y verle la cara de susto, o pegarle y ver como llora.

El juego, diseñado por una compañía francesa, no tiene a Uribe como blanco exclusivo: se pueden lanzar hachas a muchos otros personajes conocidos, desde el antipático Benedicto XVI hasta la fastidiosa Paris Hilton.

Inténtelo, es muy simple, sólo tiene que utilizar las cuatro teclas de las flechas de movimiento para mover el blanco a donde irán las hachas y la barra espaciadora para lanzarlas. Entrar al juego

Juegos con nuestra política 3: Agarre a puños a Gustavo Petro


Las múltiples aplicaciones que se encuentran en forma gratuita en la red permiten que cualquier persona haga sus propios videojuegos. Play my Game es una de ellas.

Ahí, un colombiano cuyo nombre no aparece por ninguna parte pero que se identifica como “sin mamertos” montó varios juegos con personajes de su país de los cuales tomo éste con Gustavo Petro, dirigente del partido opositor Polo Democrático Alternativo. Entrar al juego

Juegos con nuestra política 4: Ponga saltar y a saltar a Piedad Córdoba

Este es otro de los juegos creados por “sin mamertos”. La protagonista es la senadora Piedad Córdoba, del Partido Liberal, uno de los personajes más odiados por muchos en Colombia en el año 2008.

Hay que ponerla a saltar sobre una cama elástica o, si se quiere, dejarla caer desde lo más alto. Las instrucciones igualmente están al comienzo. Entrar al juego

Juegos con nuestra política 5: Intente callar a Hugo Chávez


Este juego está ni mandado a hacer para quienes detestan al presidente de Venezuela, que son bastantes en Colombia, en particular tras la grave crisis diplomática y las tensiones fronterizas de 2008 luego de la muerte del guerrillero Raúl Reyes.

La idea del juego es hacerlo callar lanzándole tomates, barriles de petróleo, poniéndole cintas en la boca o dándole palmadas en la cara.

Es muy fácil de jugar: entrar al juego

A propósito, ¿de quién sería la idea de este juego? Algo tan bien hecho no parece cosa de simples aficionados o de opositores desprogramados que se sentaron a hacerlo un sábado en la tarde: si no miren el diseño, los colores, la música, la fácil operación y hasta el dominio propio en la red… ¿Quién habrá pagado por hacerlo?

6 de diciembre de 2008

Los olvidados - Resistencia cultural en Colombia

14 de noviembre de 2008

Que digan mi nombre para que no me olviden


16 años luchando contra el olvido. El viernes 14 de noviembre, a las 4 de tarde, se realizará la conmemoración del 16º aniversario de la masacre de los niños de Villatina (sector popular del Oriente de Medellín), en un acto simbólico en el Parque del Periodista, en el centro de esta ciudad.

El Grupo Interdisciplinario de Derechos Humanos y los familiares de los niños invitan a que los acompañen alrededor del Monumento “Los niños de Villatina” en un acto en su memoria y por la recuperación de la memoria de todos los niños, niñas y jóvenes que han sido víctimas de crímenes de Estado en la ciudad.

Hechos
El 15 de noviembre de 1992, un comando de policías vestidos de civil, portando armas de uso privativo de las fuerzas armadas asesinaron en el barrio Villatina a los niños Johanna Mazo Ramírez de 8 años de edad, Johnny Alexánder Cardona Ramírez, Ricardo Alexánder Hernández, Giovanny Alberto Vallejo Restrepo, Óscar Andrés Ortiz Toro, Ángel Alberto Barón Miranda, Marlon Alberto Álvarez y Nelson Dubán Flórez Villa, todos ellos entre los 15 y los 17 años, y al joven Mauricio Antonio Higuita Ramírez, de 22 años.

Por estos hechos, el Estado de Colombia reconoció responsabilidad internacional el 2 de enero de 1998 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y el 29 de julio de 1998 en Bogotá, pidió perdón públicamente a los familiares de las víctimas y a la sociedad.

El 13 de julio de 2004, el Estado entregó el monumento “Los niños de Villatina” en el Parque del Periodista, como parte del cumplimiento de las obligaciones orientadas a la reparación integral y a la recuperación de la memoria.

Boletín de los organizadores invitando a la actividad

17 de octubre de 2008

Los medios masivos de desinformación


Me han parecido parciales, incompletas y por tanto poco profesionales las noticias que los principales noticieros de televisión de Colombia, los de los canales privados RCN y Caracol, han emitido sobre la minga de resistencia indígena. Y me preocupa saber que ellos tienen una sintonía superior al 90% en este país, es decir, que la inmensa mayoría de personas aquí se forma una idea del mundo a través de eso que ellos publican.

Advierto que no soy guerrillero, que me opongo a las armas, que detesto la violencia y que escupo sobre guerrilleros, paramilitares y miembros de la fuerza pública que violan los derechos humanos. Y que por eso me he ganado unos cuentos problemas con esos truhanes.

Pero ya estoy empezando a creer que es completamente verdad eso que dice la guerrilla para referirse a noticieros como esos: que son “medios de desinformación del establecimiento”.

Es que quien haya cursado segundo semestre de periodismo hasta en la universidad más mala del mundo sabe lo que no se debe hacer en periodismo. Pero RCN y Caracol se empeñan en hacer las cosas como no es, como no lo permite el oficio si aspira a ser de calidad, si aspira a ser un periodismo de referencia como se esperaría de canales de tan alta penetración en las audiencias.

Lo que pasó el fin de semana del 12 de octubre fue patético y ahí excluyo a Noticias Uno, noticiero que explicó por qué los indígenas protestaban e informó, entre otras cosas, que en las dos últimas semanas los paramilitares les habían matado 13 compañeros. Y, como era lógico según una práctica periodística responsable, entrevistaron a sus líderes para explicar qué pasaba.

Hasta me han dado ganas de conseguir copia de esos noticieros de RCN y Caracol para mostrarles a mis estudiantes de periodismo lo malas que fueron esas noticias y la perversidad que entrañaban. Por ejemplo:

- Las noticias las presentaron sin un contexto: si uno las veía, no sabía por qué los indígenas estaban protestando, pues sólo mostraron los enfrentamientos con la fuerza pública como si fuera el “todo” del asunto.

- En esas noticias los indígenas aparecieron como los iniciadores del tropel, de las pedreas… Aunque sí, ellos se tomaron la carretera y bloquearon el tráfico, pero en principio fue una toma pacífica hasta que llegaron a desalojarlos y hubo roces con la fuerza pública.

- La versión que predominó fue la de la Policía: esos medios tienen una debilidad por los uniformes que, me parece, es como una especie de fijación sexual con las insignias y los “bolillos” (los garrotes de madera que cargan los policías).

- Los titulares fueron parcializados, mostraron sólo una cara del asunto: o era la posición oficial o era sólo el tropel. No titularon, por ejemplo, que las peticiones que originaron la protesta no se habían discutido siquiera y que por eso seguía el conflicto.

- No hubo contrastación de fuentes para saber qué decían unos y qué decían otros: para el lunes 13 de octubre en la noche, por ejemplo, RCN y Caracol dijeron que iba una docena de policías heridos, pero no informaron que para entonces iban 37 indígenas heridos como producto de los choques con la fuerza pública.

- Desconocieron otras realidades que estaban ocurriendo aparte de esas pavorosas de heridos, mutilados, lesionados y hasta muertos que había en cada bando: cortes de energía eléctrica en zonas de influencia del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) y bloqueos alimentarios a diversas comunidades indígenas, como la de Tierradentro, por ejemplo.

- Creyeron como si hubiera sido palabra de Dios las versiones “oficiales” o sea las de la Policía o el gobierno. Apenas el martes, tres días después de iniciado todo, cuando el problema ya estaba ardiendo, empezaron a entrevistar tímidamente a los dirigentes indígenas.

Escuche la emisora de la Organización Nacional Indígena (Onic) y su cubrimiento informativo de esta movilización

Confieso que me ha dolido ver a los indígenas corriendo de los gases lacrimógenos, de los garrotes de los Policías antidisturbios que parecen Robocop. Y me ha dolido también ver a los policías heridos tras la refriega. Para mí, unos y otros son simplemente seres humanos. Para las noticias no ha sido así: unos son las víctimas (los Policías y la sociedad que no se puede mover por esa carretera) y otros los victimarios (“los indios esos”, como más de uso seguramente dijo).

Me partió el alma ver a un agente de policía con la cara quemada y los brazos amputados por una bomba que le explotó y que atribuyeron a los indígenas. No hay derecho a que un agente de la Policía sufra de esa forma las consecuencias de un conflicto social.

Pero creo que esa bomba no la pusieron los indígenas: con ir regando explosivos por ahí quienes pierden son ellos y los únicos que ganan son precisamente quienes quieren que esas protestas se dañen que, obvio, no son los indígenas.

Y ahí, no tengo duda, están desde las Farc (como han dicho las versiones gubernamentales, porque claro que se infiltran en las protestas sociales para generar caos y pescar en río revuelto) hasta el propio Estado, el cual es “infiltrado” –si cabe la expresión– por extremistas que hacen parte de él y hacen terrorismo (a eso siempre se le ha llamado “terrorismo de Estado”).

¿Miembros del Estado poniendo bombas para que sus propios policías queden vueltos pedazos por ellas? Pues sí, puede ser. Es que miembros de nuestro Estado también hacen cosas que no deberían hacer. ¿O acaso no se le ocultó a la sociedad sobre el uso de emblemas de la Cruz Roja en la Operación Jaque? ¿Y acaso cuando se le preguntó al alto gobierno sobre eso lo primero que hicieron no fue negarlo, es decir, mentir sobre ello? ¿El Estado, éste que tenemos, mintiendo? ¿Este gobierno mintiendo? Pues sí. En estas cosas vale eso de “piensa mal y acertarás”.

Pero creer que los indígenas iban a poner bombas es un exabrupto. Es no conocer a los propios indígenas o simplemente, como ocurrió en este caso, querer demonizarlos y así destruir su protesta para callarlos como siempre ha pasado.

Protesta que entre otras cosas no es por cualquier tontería, por cualquier interés banal de cerrar una carretera, como si no tuvieran más que hacer o fueran violentos por naturaleza.

¡Conmemorando 516 años de resistencia, nos siguen asesinando!

Razones de Minga de la movilización indígena nacional

Creo entonces que lo que tenemos en Colombia con estos noticieros, para este caso específico, ha sido pura desinformación y por eso, ¡cuidado!, hay que estar prevenidos. Pero ese más del 90% de la población que ve esos noticieros posiblemente no sabe esto.

Desinformación entendida como lo que realmente es: el interés deliberado y consciente de difundir informaciones falsas, parciales, manipuladas o sesgadas, interés realizado por personas, grupos o medios. Y eso es lo que están haciendo esos noticieros. Desinformación que es distinta, desde el punto de vista de la teoría de la información, del simple error en la transmisión de una versión.

Es que no hay otra manera de entender por qué publican lo que publican.

Lo peor, me parece, es que ni siquiera el gobierno interviene en las informaciones de noticieros como los de RCN y Caracol: los propios directores, editores y a veces los periodistas cierran los ojos sin que nadie los obligue.

A estas alturas de la vida, en este país ni siquiera hay que censurarlos, ni “sugerirles” que publiquen algo en algún sentido: ellos se arrodillan solitos al establecimiento o al gobierno, creyendo que así le están haciendo un bien a la institucionalidad del país.

Pero lo que están haciendo, en el fondo, es vulnerando el derecho a la información que tenemos todos los ciudadanos, incluyendo los que protestan, como lo hacen los indígenas hoy.


Versiones que no salen en la televisión mencionada

¿Qué hay detrás de la protesta indígena?

Cric da detalles sobre infiltrado del Ejército

Tensión en los medios comunitarios indígenas del Cauca

“Es un total exceso y una falta de proporción el uso de armas de fuego por la fuerza pública”: Defensor Departamental del Cauca

Para que quede constancia

Mensaje de Paco Gómez Nadal

Es difícil dormir en esta noche en que miles de indígenas están defendiendo la dignidad en una franja de la carretera Panamericana, en el Valle del Cauca (Colombia).

Los acontecimientos que han ocurrido hoy y los que pueden suceder en esta madrugada son de extrema gravedad, tanto como el silenciamiento y la parcialidad informativa de los medios colombianos y de las agencias, basadas solo en la información 'oficial' de una policía y de un gobierno criminal como el colombiano.

Van decenas de heridos y un muerto. Las imágenes de televisión y las fotos de prensa, al igual que los textos, están escritos desde detrás de los escudos policiales, junto a sus tanquetas.

No han aparecido las fuentes de la organización indígena, todo voces contaminantes de una policía que, como siempre, le cuelga el sanbenito de las Farc a un movimiento indígena legítimo, anunciado y maduro.

La Minga de la Resistencia, que aprovechó el 516 aniversario del despojo, va a terminar muy mal. Las muertes y el abuso policial nunca serán tan graves como el desprecio y los prejuicios vertidos por medios de comunicación masivos.

Les escribo este mensaje solo para que sepan que esto está ocurriendo, para que, en la medida de lo posible manden correos de solidaridad y para que al menos, en sus mentes no se olvide lo que está ocurriendo en Colombia.

Las reclamaciones de los indígenas son tan básicas y razonables como el respeto a sus tierras y a sus vidas. La respuesta del Estado ha sido tanquetas y disparos y la sindicación sin fundamento de la infiltración de las Farc en el movimiento.

Vivimos tiempos oscuros y, por desgracia, los que llevan el golpe más duro son los de siempre: los excluidos con arrojo para reclamar sus derechos y para pasear por una pinche carretera su dignidad

Si quieren informarse tendrán que acceder a http://colombia.indymedia.org/ o sigan los comunicados de la Onic (Organización Nacional Indígena de Colombia) en http://www.onic.org.co/ o del CIRC en http://www.cric-colombia.org/

El resto o no habla o sigue las coordenadas de la política de Seguridad Democrática

Un saludo,

Paco

8 de septiembre de 2008

Semana por la Memoria