10 de diciembre de 2009
Concierto en Colombia para la celebración del Día de los Derechos Humanos
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7 de diciembre de 2009
La delgada línea entre la información, la desinformación y la propaganda
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Artículo publicado en la revista Reflexión Política, del Instituto de Estudios Políticos de la Univesidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), Año 6, Número 12, Diciembre de 2004, páginas 80 a 93
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Colombia, una guerra en contravía informativa
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Artículo publicado en la revista Reflexión Política, del Instituto de Estudios Políticos de la Univesidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), Año 4, Número 8, Diciembre de 2002, páginas 119 a 134
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4 de diciembre de 2009
El niño triste
Cuando vi esta foto por primera vez, más o menos en el año 1993 o 1994, me causó un impacto muy fuerte. El mismo que me sigue causando hoy. No sé, algo por dentro de mí se revuelca y me produce una sensación terrible de desazón, de desesperanza, de tristeza. También, qué paradoja, una necesidad de querer verla, de no olvidarla, de tenerla presente.
Es de Jesús Abad Colorado y muestra a un niño indígena de la comunidad de Caimán Nuevo, entre los municipios de Turbo y Necoclí, un asentamiento del pueblo Tule, de la familia de los Kunas, del que acabo de buscar información en Internet y no aparece prácticamente nada. Fue tomada uno o dos días después de una masacre realizada por paramilitares.
Cuando la tuve por primera vez en mis manos, antes de ser publicada en el periódico El Colombiano, me quedé viéndola por ahí unos diez minutos.
Nunca supe el nombre de ese niño, ni a quién le habían matado y mucho menos qué pasó con él o con su comunidad después. Pero con frecuencia lo busco en las fotos del catálogo de una exposición de Jesús Abad que tengo en mi biblioteca.
Siempre he querido tener esa foto, grande, en mi casa. Pero también me ha dado miedo tenerla así como la quiero, del tamaño de un afiche, metida entre un marquito de madera bien bonito, colgada en la sala para verla cada que entre.
Miedo a que me recuerde en demasía lo que precisamente no me hace olvidar y que es lo que, creo, siempre busco en ella: que en este país se ha llorado mucho, que mucha gente ha sufrido, y que uno no puede hacerse el loco con el dolor de los demás.
Puede sonar muy cursi o pendejo y es verdad, pero así lo siento. Una especie de solidaridad muy estúpida también porque uno tampoco hace muchas cosas para buscar que tanta porquería que nos rodea cambie. Un sentimiento pequeño burgués, católico en el fondo, muy romanticoide y bastante soso (qué mezcla de cosas tan impresionante).
Por eso, aunque alguna vez le dije a Jesús Abad que me vendiera una copia, tampoco he sido capaz de concretar el asunto.
Por eso ante esta foto siento una especie de masoquismo porque me gusta verla por impactante, por bella, por reveladora, por horrenda, porque me causa placer y dolor. Para mí, esta foto revela todo el mundo interior de ese niño que, repito, creo que es también el mundo interior de su comunidad y de Colombia misma.
Siento que en esos ojos perdidos está el epicentro del sentimiento de él, pero también el mío. Ahí está el punctum que decía Roland Barthes, ese lugar de la foto, ese detalle específico que nos evoca algo o que simplemente nos llama la atención, posiblemente sin que sepamos por qué.
Esos ojos parecen de un anciano de 90 años, de un hombre que ha vivido todo y todo lo ha perdido, que ha librado cien batallas y en todas ha sido derrotado –como el coronel Aureliano Buendía–. Solo que a los cinco o seis años, que es la edad que debe tener, esa experiencia me parece dramática, infame.
Son tantas las sensaciones que se me atropellan en la cabeza al pensar en ese niño que me confundo para expresarlas bien y en orden.
¡Qué foto! la sigo buscando, la sigo detestando, le sigo temiendo, la sigo necesitando, como si se tratara de ese par de mujeres que he amado profundamente y que me han dejado tirado en mitad de la calle, como dice Sabina, igual a como se abandona a los zapatos viejos.
Solo que a ellas ya no las busco.
Entrevista a Jesús Abad Colorado en P+DH [Periodismo + Derechos Humanos] , a propósito del 13 Encuentro Internacional de Periodismo Ciudad de Gijón, realizado en julio de 2009.
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20 de agosto de 2009
"Internet es el primer medio de la historia que se cuenta a sí mismo"
Alejandro Piscitelli, una de las autoridades en el ámbito hispanoamericano en nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), habla para el programa Rueda de Prensa sobre Internet, el periodismo digital, la cibercultura y el impacto de las TIC en la sociedad contemporánea.
Producción de televisión: Centro Multimedial Universidad EAFIT, canal En Vivo.
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7 de agosto de 2009
7 de agosto - Batalla de Boyacá: una manera de construir el imaginario Ejército-Nación
Desde el pasado 20 de julio, numerosos medios de comunicación colombianos, pero principalmente el Canal Institucional y los dos grandes noticieros de televisión, han seguido paso a paso la Ruta Libertadora.
Se trata de una cabalgata de miembros del Ejército y la Policía Nacional que reconstruye uno de los caminos seguidos por la Campaña Libertadora que dio la libertad, hace 190 años, al actual territorio de Colombia del imperio español.
Arrancó en las llanuras de Arauca (aunque en realidad el Ejército Libertador salió de Apure, en Venezuela), cruzó el páramo de Pisba (donde se dice que murieron muchos de los soldados descamisados de Simón Bolívar), recordaron la batalla del Pantano de Vargas (antesala de la derrota española) y llegaron a los campos de Boyacá.
La Ruta terminó este 7 de agosto precisamente en el monumento a la Batalla de Boyacá, donde la historia cuenta que se selló la independencia de nuestro país.
De todos estos homenajes, bonitos para recordar la historia, para devolvernos a la época de la escuela y el colegio donde nos contaban de las hazañas de Bolívar por darnos la libertad, hay cosas interesantes de mirar. Voy a mencionarlas simplemente porque esto es apenas un blog y no una revista académica, so pena de que me digan superficial, desinformado o parcial.
Pero es más a una invitación a la conversación, al análisis sobre los elementos que reflejan el tipo de historia nacional que se está presentando, la idea de nación que se proyecta, y el papel y lugar que se otorga al Ejército en la formación de la nación colombiana y, por extensión, en el conjunto del Estado mismo.
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1. El mito fundacional de la nación colombiana el 7 de agosto de 1819
Aspecto del inicio de la Ruta Libertadora 2009.
Foto tomada de http://web.presidencia.gov.co/especial/ruta_2009/index.html
La historia que se enseña en escuelas y colegios del país ha ubicado de manera tradicional a la batalla de Boyacá, igual a como lo sigue haciendo ahora, como el hecho que da la independencia definitiva al actual territorio de Colombia del imperio español.
A la vez, como el punto de ruptura a partir del cual comienza el proceso de constitución de la futura República, respecto de la cual “oficialmente” se marca su inicio en 1830.
Lo problemático de esta concepción de nacimiento está en que en ocasiones se presenta al hecho histórico de la batalla de Boyacá como un punto cero, aislado de otros momentos o situaciones que le precedieron o que ocurrieron en forma simultánea.
Ese reduccionismo desconoce que la categoría de “nación” es muy compleja, ambigua y que está atravesada por múltiples variables en las cuales un hecho puntual, como en este caso la batalla, es apenas un componente histórico más, por muy importante que haya sido, pero imposible de configurar en sí mismo una construcción en el orden nacional real como el que se plantea, por ejemplo, en las noticias que han dado los medios.
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2. La relación de continuidad entre el Ejército Libertador y el Ejército actual
El enfoque tradicional que ha tenido la historiografía militar colombiana traza una línea de continuidad entre ambos ejércitos. No da pie a mostrar diferencias sustanciales entre uno y otro, salvo la distancia temporal con todo lo que ello implica en armamento, uniformes o estructura orgánica.
De hecho, los ideales, principios, valores y hasta la misión aparecen como idénticos.
Detalle del cuadro de Francisco Antonio Cano sobre el cruce del páramo de Pisba por el Ejército Libertador.
Detalle de un billete de 2.000 pesos que reproduce el cuadro anterior.
Cruce del páramo de Pisba por la Ruta Libertadora 2009
Foto tomada de http://web.presidencia.gov.co/especial/ruta_2009/index.html
Con la Ruta Libertadora no se muestra alguna diferencia entre ambos que permita verlos como distintos por lo que establece una analogía y parentesco: Ejército Libertador y Ejército Nacional actual son presentados como el mismo aparato armado al servicio de la defensa del Estado y la nación.
Este tipo de interpretación se inscribe dentro de lo que Adolfo León Atehortúa Cruz denomina “estudios tradicionales herencia del positivismo”, los cuales cubren a una parte importante de la literatura existente sobre las Fuerzas Armadas colombianas, en particular a la escrita por los propios militares:
“Su propósito aparente es incluir al ejército de Bolívar en la genealogía del actual Ejército Nacional, y exigir el reconocimiento de una supuesta filiación heroica”, dice Atehortúa en su libro Militares, otra visión, otros estudios, editado por la Universidad Pedagógica Nacional.
Algunos historiadores militares van incluso más atrás, al punto de ubicar los orígenes del Ejército en los grupos Comuneros que se alzaron en 1781 contra las autoridades del Virreinato de la Nueva Granada. En cualquier caso, lo que busca tal interpretación es resaltar la tarea heroica en su gesta por la libertad.
Para Atehortúa, “la trascendencia del mito [se refiere al de trazar esa relación genealógica entre ambos ejércitos] sirve también para reclamar cierta nobleza congénita en todos sus ideales y, con mayor razón, para legitimar el carácter mesiánico que, en coyunturas concretas, puedan asumir o auto adjudicarse las Fuerzas Armadas”.
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3. Asimilar la idea del surgimiento de la nación ligada al Ejército o gracias a él
Esta es una relación directa: el 7 de agosto es también el Día del Ejército (muchos periódicos han publicado estos días informaciones al respecto, incluso bajo el rótulo de “Información institucional”, que equivale a un publirreportaje).
Se trata de una conexión que ubica al Ejército como una institución central tanto en la estructura del Estado como de la organización social. Y, cada vez más, como parte fundamental de la sociedad colombiana.
Tal factor tiene una incidencia menos evidente para el ciudadano pero quizá más poderosa sobre el mundo que él habita que aquella, por ejemplo, la revalorización del pasado que se encuentra presente en la reiteración del mito fundacional de la nación.
Y lo es porque comporta un ejercicio real de poder y de incidencia en la vida nacional, mientras que la otra se halla en el plano meramente simbólico, sin que ello signifique restarle importancia dado que lo simbólico es un efectivo sustrato que también conduce a la acción.
Esa idea del surgimiento de la nación colombiana ligada al Ejército Nacional tampoco es nueva, la misma literatura militar que se inscribe en la línea tradicional ha considerado en forma reiterada que el Ejército Nacional es, más que pilar de la Nación colombiana, prácticamente el padre mismo de ella o su creador.
Uno de los clásicos del pensamiento militar colombiano, Tomás Rueda Vargas (quien era un civil), atribuye la función de organización de las “nuevas nacionalidades” a Bolívar, quien para los militares es más que el Libertador: es un general y el primer comandante que tuvo la institución armada, según sus textos de historia.
(En la galería de comandantes que presenta el libro Historia militar del Ejército de Colombia, editado por el Centro de Estudios Históricos del Ejército en 2007, aparecen los retratos de quienes han ocupado dicho cargo desde 1819 hasta el año de publicación del mismo: Simón Bolívar está en la primera línea).
Esto escribió Rueda Vargas sobre la época inmediatamente posterior a la Independencia en un artículo que tituló “Nuestro Ejército”, publicado el 31 de agosto de 1909: “Destruido el enemigo y ocupado el general Bolívar en la lucha política que naturalmente se empeñó al principiar a organizar las nuevas nacionalidades, las rivalidades que, en estado latente, existían entre los jefes militares estallaron”.
El mismo autor, al igual que muchos otros civiles y uniformados, han reiterado en numerosos escritos, lugares y momentos ese papel que se auto atribuyen los militares, esa auto representación que elaboran o les elaboran de ser fundadores de la nación.
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4. “Héroe”, “libertad” y “patriotismo”, otra forma de continuidad entre el Ejército Libertador y el actual
“Los héroes en Colombia sí existen: Ejército Nacional”, es el eslogan de la actual campaña del Ejército colombiano.
Y “héroes” siempre se ha llamado a los próceres de la independencia.
El heroísmo es uno de los valores inherente a la misión y a la estructura militares.
“Por naturaleza, los ejércitos nacionales se nutren de la sangre de sus propios héroes y de la enseñanza del pasado de los grandes ejércitos del mundo (…) La tragedia y los honores de la guerra se transforman en sacrificio aceptado, en ofrenda generosa, por las grandes causas de la historia”, manifiesta en un libro de historia militar el general Mario Montoya Uribe, por entonces comandante del Ejército de Colombia (año 2007).
Hoy, la insistencia en la idea de libertad va más allá del momento de la independencia del pueblo de la Nueva Granada frente al dominio de la Corona española: por analogía podría decirse que se trata de la reiteración de un aspecto destacado de la misión que tienen hoy los militares y el Ejército mismo como institución del Estado colombiano en su combate al delito del secuestro.
Además, la defensa de la libertad está establecida como parte de la misión del soldado colombiano, según lo define su Código de Honor: “Como soldado de la Patria me comprometo solemnemente a profesar lealtad y fidelidad a Colombia y a mi Ejército, en defensa de la República, la libertad y la democracia”.
El concepto de “patria” y su homólogo que lo hace operativo, el “patriotismo”, son el tercer valor reiterado por estos días de la Ruta Libertadora.
Lo es porque el Ejército tiene tres principios rectores: patria, honor militar y lealtad. “Patria” es definida como “el más elevado concepto de lo que implica nacionalidad, a la que se está unido a través de vínculos históricos, jurídicos y afectivos”, ha dicho el actual comandante de las Fuerzas Militares, general Fredy Padilla de León.
Heroísmo, libertad y patria son entonces tres aspectos que aparecen destacados porque definen y refuerzan igualmente esa línea de continuidad entre el Ejército Libertador y el Ejército colombiano de hoy.
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Juan Gonzalo Betancur B.
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